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viernes, 26 de abril de 2013

TAKE A WALK ON THE WILD SIDE


Al final del día echo la vista hacia atrás para visualizar el transcurso de la jornada y renuevo mis promesas esperando que el día de mañana sea un día mejor. Tratando de buscar los errores cometidos para que no se vuelvan a repetir.

Enciendo el ordenador y busco y rebusco entre mis archivos aquella canción que me ayude a dormir. Suenan a medio volumen canciones de Lou Reed, tranquilas pero con fuerza, trato de separar los sonidos y adivinar de dónde proceden mientras saco de un paquete de cigarros el último cigarrillo del día que me deja un sabor sucio en la boca jurándome que éste será el último cigarro de esta etapa y que mañana comienza una vida nueva en la que éstos no tienen cabida.

Echo un último vistazo a la habitación pensando qué habría que cambiar y si cada cosa está en su sitio. Un póster de Johnny Cash me mira de reojo como pensando...¿de verdad crees que las cosas van a cambiar?

No me atrevo a apagar la música porque sé que eso significaría escuchar el sonido del silencio y creo que aún no estoy preparada para eso. Necesito poner en orden mis pensamientos. Callar y apaciguar esa voz que llevo dentro que me dice que no puedo cambiar pero no estoy dispuesta a escucharle y me distraigo y entretengo como puedo.

En la repisa un cenicero desbordado de colillas, algunas a medio fumar, que me recuerda todas las noches que he pasado en soledad.

La temperatura es elevada y sé que me va a costar dormir con este calor sofocante. La ventana está medio abatida y por ella entran revoloteando varios insectos atraídos por la luz, vuelan en círculos alrededor de la lámpara que pende del techo y ni se inmutan con mi presencia. Mientras tanto suena "Take a walk on the wild side" y tu-turu-turu-tu-turu-turu me pongo a tararear.

La señal verde que está encima del radiador en la que aparecen unas escaleras y una flecha me indica la salida de emergencia y yo le hago caso y como la música ha dejado de sonar apago el ordenador y me acuesto pesadamente sobre las sábanas soñando con los ojos abiertos que mañana será todo mejor y rogando al de arriba que pueda conciliar pronto el sueño.



Un verano cualquiera en Bilbao


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